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Cuando  los que amamos se van…

 

Para nadie es un secreto que el único requisito para morir es estar vivos; que las separaciones conyugales existen, que los trabajos se pierden, sin embargo, no es el común que los seres humanos estemos pendientes cada día en si vamos a morir, a romper con la pareja, a perder un trabajo. Caminamos por la vida cumpliendo metas y algunos sobreviviendo con mucho esfuerzo y dejándonos llevar por el “corre, corre” diario; lo que algunos llamarían “rutina diaria”.

 

Hablemos hoy, particularmente del día en que la muerte le llega a alguien muy querido para nosotros, y ese día despertamos a una dura realidad, despertamos al difícil y doloroso momento de despedirnos de él, de ella, de ellos; el momento más doloroso para quien ya lo ha vivido; y aunque con muy buena intención, quienes nos apoyan y acompañan en ese momento nos den palabras de aliento; no existen las apropiadas para definir el dolor en ese minuto.

 

Pasan las honras fúnebres y el vacío es aún más intenso y en muchas ocasiones no entendemos porqué un día despertamos “asimilando” la partida y otro día “queremos morirnos de tristeza” y otro día “consolamos” a otros a sabiendas del dolor que llevamos; algunos días nos sentimos muy enojados con la vida, con Dios, con el ser querido que se fue sin avisar; sin que pudiéramos decirle un millón de veces más, cuánto lo amábamos y así transcurre nuestro diario vivir dentro de esta dolorosa realidad de vivir sin él o ella.

 

Ese ir y venir de emociones hasta ahora desconocidas para muchos que las están experimentando y que sentimos no podemos controlar, evidentemente tienen nombre y apellido y no es más que el proceso de duelo que estamos experimentando producto de la pérdida.

 

En psicología,  duelo es un  proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, etc.). Aunque convencionalmente se ha enfocado la respuesta emocional de la pérdida o muerte, el duelo también tiene una dimensión física, de pensamiento, y de la conducta que es vital en el comportamiento humano.

 

Si bien, Duelo es el nombre de este proceso;   hay que tener en cuenta que éste  no se limita a tener componentes emocionales, sino que también los hay físicos y sociales. La intensidad y la duración de este proceso y de su vivencia serán proporcionales a la dimensión y al significado de la pérdida; y dependerá de los recursos que cada persona tenga para enfrentar una situación de duelo.

 

Sin duda, superar el duelo es complicado, por lo que la persona debe ir atravesando una serie de etapas para volver a sentirse bien. Es una experiencia muy dolorosa y cada individuo tiene una forma personal de vivirlo. Asimismo, existen varios tipos de duelo, por lo cual es complicado hablar de una secuencia de acciones a realizar para asimilar esta experiencia del mejor modo posible.

 

A través de los años se han hecho estudios de las etapas por las que pasan quienes tienen una pérdida y se han establecido 5 que no necesariamente ocurrirán en el orden en que se presentan , sin embargo, sí se pasa por cada una de ellas según la vivencia de cada individuo.  Hay quienes no requieren ayuda profesional para superar un duelo, pero hay quienes sí, un poco para comprender qué está ocurriendo o qué voy a hacer o bien librar esas mal llamadas “culpas” que atacan siempre que un ser querido muere; tales como:

  • habré hecho lo suficiente por esa persona
  • no me gustan los hospitales y no fui a visitarlo, y murió sin verme
  • discutí con el o ella días antes de su muerte
  • nunca le dije que lo amaba
  • no respeté sus últimos deseos
  • me distancié de esa persona por insignificancias y no le hablaba a pesar que la amaba.
  • no lo llevé a tiempo a un médico
  • pude haber evitado su muerte…

 

Así; podría enumerar miles de razones que llegamos a creer y sólo son un obstáculo y no permite que elaboremos de forma saludable el duelo. Es necesario entonces,  conocer cuáles son las etapas del duelo y la experiencia me ha dicho que muchos las conocen y hasta las dominan como si fuese receta médica y ese es el error que muchos cometen, porque como se dijo anteriormente, si bien es cierto todos a quienes se nos ha ido un ser querido pasamos por las etapas del duelo aún sin saber sus nombres; no es responsable dar “auto-medicación emocional”; en estos casos, por no decir que en casi todos, se debe buscar ayuda profesional como coadyuvante de la elaboración del duelo y superación de un momento tan doloroso.

 

Si usted o algún familiar cercano está pasando por una pérdida, cualquiera que ésta sea y usted observa a groso modo que pasa por las siguientes etapas sin importar el orden o tiempo de cada una y no sale adelante, está estancado en el dolor ( Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación), es el momento de buscar ayuda profesional y juntos trabajar para superar ese duelo y seguir adelante.

 

 

 

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Comunicación Eficiente

 

“El sistema de comunicación constituye el corazón mismo de las relaciones humanas, se puede decir que el éxito y la felicidad de cualquier interacción es susceptible de medirse en términos de la profundidad o simpleza del diálogo que se establece”

 

Comunicación:Hacer partícipe a otro de lo que uno conoce o tiene.

 

¿Qué es? Es conversar, se trata de recibir, de escuchar la información y añadir comprensión., se trata de observar, de ponerse en el lugar del otro.

 

Tipos de Comunicación

 

  1. Comunicación no asertiva: Se caracteriza por mirar al suelo cuando se habla con otro, cuesta escucharle, encorva la espalda; no se siente seguro cuando habla, utiliza frases como “quizá”, “talvez”. “yo no cuento, puedes aprovecharte de mi, mis sentimientos no importan, los tuyos son los únicos que merecen la pena ser oídos”.

 

¿Qué se logra?Tensión, cuesta solucionar problemas, no se siente bien consigo mismo, pierde oportunidades (trabajo, amigos, etc.).

 

  1. Comunicación asertiva: Es la capacidad de poder expresar lo que se siente, expresar deseos, dar su opinión sobre un hecho en el momento, sin ofender a la otra persona; se debe observar a los ojos de la otra persona, hablar fluidamente y de forma honesta.

El mensaje: “esto es lo que yo pienso, esto es lo que yo siento, así es como veo la situación”.

Objetivo: tener y conseguir respeto, pedir un juego limpio y dejar abierto el camino para el compromiso cuando se enfrenten problemas y necesidades de ambos miembros de la pareja.

 

¿Qué se logra? Resolver problemas, sentirse a gusto consigo mismo y con los demás.

 

  1. Comunicación Agresiva: Se caracteriza por la defensa de los derechos personales y la expresión de sentimientos y opiniones de manera deshonesta e inapropiada; incluye agresión verbal, anotaciones sarcásticas, comentarios rencorosos y murmuraciones maliciosas.

El mensaje:Esto es lo que yo pienso, tú eres “tonto” por pensar diferente a mi, esto es lo que yo quiero, lo que tu quieres no importa, esto es lo que yo siento; tus sentimientos no cuentan.

 

¿Que se logra? Problemas con otras personas, hacer daño a los demás, tensión, enfado, se inspira temor y no respeto.

 

 

 

Lo anterior es solamente una pincelada de lo que significa comunicar y permitir que los otros comuniquen; para nadie es un secreto que relacionarse con las personas a nuestro  alrededor y hasta con nosostros mismos no es sencillo; sin embargo, en la medida en que conozcamos y nos informemos sobre cómo hacerlo de manera respetuosa y responsable; la interacción con los demás mejorará considerablemente.

“Es imposible no comunicarse” El primero y más famoso axioma de la comunicación humana que explicado no es más que “uno No se  puede NO comunicar”. Lo que esta doble negativa significa es que no tenemos ninguna opción de decidir si nos comunicamos o no. Todo lo que digamos o hagamos se transmite como algún tipo de mensaje. Incluso si no hacemos nada, eso ya es un mensaje.

Por lo tanto;  si cree tener dificultades para comunicarse o bien para comprender lo que comunican los otros; si cree que alguna situación que está enfrentando le impide tener una correcta comunicación e interacción con los demás; le invito a que juntos busquemos soluciones eficaces y serias que le permitan seguir avanzando y disfrutar la vida sin peso extra.

 

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Divorcio y/o separación: ¿Qué pasa con los hijos?

 

Descubrir que la relación con la pareja no va caminando como se desea o se soñó, ya por sí solo es un golpe muy difícil de asimilar para los adultos; intentar e intentar que una relación funcione y ser felices como el primer día, en muchas parejas se vuelve insostenible, por las razones que sean, que pueden ser miles. Si ya para los adultos es de difícil manejo la idea de separación; se han puesto a pensar en aquellos “invisibles” que están la mayoría de veces en medio del “pleito”; SÍ, del “pleito”, porque la mayoría de las veces, salvo muy contadas excepciones, a esos adultos se les olvida que hay hijos de por medio por estar inmersos en resolver quién tuvo la culpa del “fracaso” y a quién le corresponde qué, incluidos los hijos, como si fuesen objetos.

 

Son dos aristas a considerar: la pareja como tal y cómo resuelven su separación y los hijos; ¿cómo manejar con ellos esta problemática, si no podemos con la nuestra como adultos?

 

Decirlo es fácil; sin embargo, está claro que el conflicto interno dada la separación es tan dolorosa, que los adultos en su mayoría, no logran ver más allá de su problema y arrastran a sus hijos en este proceso doloroso.

Los niños suelen ser los más vulnerables de la familia y por lo tanto, los que más sufren con dicha decisión. Aunque la separación sea asunto de la pareja, es inevitable que los niños estén inmersos en esta decisión. Dependerá de la actitud y apoyo de los padres salvaguardar a los hijos del sufrimiento.

La mayoría de adultos que atraviesan un proceso de separación y divorcio necesitan  evidentemente apoyo de amigos, profesionales de la salud mental, religiosos y parientes. No busquen apoyo en su hijo (a), incluso aunque parezca estar dispuesto a ofrecérselo. Los hijos, sea cuál sea su edad, no estarán preparados para hacerlo porque están en medio de dos personas que aman, no es conveniente involucrarlos a ese nivel y comprometerlos a escoger de qué lado estar.

En cuanto estén seguros de sus planes, hablen con sus hijos sobre su decisión de separarse. No existirá nunca una manera fácil de dar la noticia, de ser posible, intenten que ambos estén presentes durante la conversación. Es importante dejar a un lado los sentimientos de enojo, culpa o remordimiento antes de hablar con los hijos. Esta conversación debe adaptarse a la edad, grado de madurez y temperamento del niño(a), asegúrense de trasmitirle a sus hijos un mensaje fundamental: lo que ha ocurrido es un asunto entre su madre y su padre y ellos no son en absoluto culpables de lo ocurrido. La mayoría de los hijos se sienten culpables incluso después de que los padres se lo nieguen. Por eso es básico que los padres insistan en esta afirmación para tranquilizarlos.

Entre las principales acciones que ambos padres pueden hacer para ayudar a su hijo(a) a atravesar este difícil período, destacan las siguientes:

  • Mantener los conflictos, riñas y discusiones acaloradas, así como los comentarios sobre los aspectos legales del divorcio al margen de los hijos.
  • Reducir al mínimo la alteración de las rutinas cotidianas del niño (a).
  • Asegurarse de que ambos padres siguen implicados en la vida del niño (a).

Prepárense para contestar estas preguntas y otras similares:

  • ¿Con quién voy a vivir?
  • ¿Dónde iré al colegio?
  • ¿Tendré que cambiar de casa?
  • ¿Dónde vivirá cada uno de mis padres?
  • ¿Dónde pasaré las vacaciones y los días de fiesta.
  • ¿Podré seguir viendo a mis amigos?
  • ¿Tendré que cambiar de colegio?
  • ¿Podré seguir practicando mis actividades favoritas?, entre muchas dudas que surgirán.

Ser sincero con un hijo(a) no siempre es fácil cuando no se tienen todas las respuestas, o cuando al niño(a) le asusta la situación o se siente culpable de lo que está ocurriendo. Lo correcto es decirle lo que necesita saber cuando lo pregunta, no brindar información adicional sino es necesario.

Es por ello, que mencionamos anteriormente que son dos aristas a considerar e intervenir, porque en tanto los adultos resuelven su conflicto de pareja y su posible decisión de separación y/o divorcio; los hijos quedan sumidos en medio del conflicto. Es recomendable buscar ayuda profesional para tratar tanto el tema de la separación de los adultos como tales; así como el conflicto emocional que los hijos experimentan a raíz de la ruptura de sus padres. En muchas ocasiones, la guía de un profesional aliviana la carga y hace más sencillo enfrentar decisiones tan complejas y que afectan el núcleo familiar.

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Entendiendo la adolescencia de mi hijo (a)

Cuando un padre de familia comenta con orgullo que su hijo(a) se está acercando a la adolescencia; que está creciendo; nunca faltan comentarios poco esperanzadores de lo que les espera. Existen muchos mitos sobre esta hermosa etapa del desarrollo y por donde ya pasamos los adultos con el agravante que a se nos olvida y es ahí donde surgen las dificultades de entendimiento entre generaciones.

La adolescencia no es sólo un período de intenso desarrollo corporal, sino también de desarrollo moral e intelectual, resulta lógico y comprensible que ésta sea una etapa tumultuosa y confusa para muchos chicos y chicas.

Como padres, ustedes ya han sobrevivido a tener que levantarse a las 2:00 de la madrugada…¿por qué se les hiela la sangre cuando oye la palabra “adolescencia”?. Intentemos entenderlo.

Muchos niños dan muestras de que ya han entrado en la adolescencia al hacer un cambio espectacular en la forma en que se relacionan con sus padres. Empiezan a ser más conscientes de la manera en que los ven los demás, especialmente los demás chicos de su edad, e intentan desesperadamente “encajar” en el grupo y ser aceptados.Uno de los estereotipos más extendidos sobre la adolescencia es la del chico rebelde e indomable que se revela constantemente y le gusta llevar la contraria a sus padres.

Lo que es innegable es que la principal tarea de un adolescente, es lograr la independencia. Para que esto pueda ocurrir, los adolescentes se tienen que empezar a separar de las figuras paternas; a medida que van madurando, los adolescentes empiezan a pensar de modo más abstracto y racional.

Se están formando su propia escala de valores. Es en este punto donde se dan los conflictos entre padres e hijos porque la brecha generacional crea un obstáculo para que exista mutua comprensión. Por eso puede dar la impresión de que los adolescentes siempre parecen discrepar de sus padres o que ya no quieren pasar tanto tiempo con ellos como antes.
Probablemente sea un buen ejercicio intentar ver cuánto espacio le deja usted a su hijo para que sea él mismo, y formularse preguntas como:

“¿Soy un padre controlador?” “¿Escucho a mi hijo(a)?” o “¿Permito que sus opiniones y gustos difieran de los míos?”.

Nadie ha dicho que sea sencillo; sin embargo, no es imposible, es cuestión de seguir estos sencillos pasos como inicio:

  1. Infórmese
  2. Hable con su hijo antes de que sea tarde
  3. Póngase en el lugar de su hijo
  4. Escoja sus batallas
  5. No baje sus expectativas
  6. Informe a su hijo y manténgase informado
  7. Supervise lo que ve y lo que lee su hijo.
  8. Establezca normas apropiadas.

¿Se acabará alguna vez? Es la pregunta del millón…

A medida que vaya pasando el tiempo y su hijo se vaya aproximando al final de la adolescencia, usted notará cómo disminuyen los altibajos propios de esta etapa.
Al final, tendrá un hijo independiente, responsable y comunicativo; en tanto ustedes como padres también intenten aprender de sus hijos y vivir esta etapa con ellos, bajo un marco de respeto mutuo y sin olvidar los roles de cada quien.

Sí, ya se que están esperando un rango de edad para darse una idea de cuánto durará esta etapa. La OMS define la adolescencia como el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años; hay quienes la extienden un año o quienes dividen en pre-adolescencia y adolescencia; de la siguiente manera:
Pre-adolescencia: de los 9 a los 12 años
Adolescencia: de los 12 a los 20 años.

Por último , la adolescencia debe entenderse como un período vital del ciclo normal de todo ser humano; donde los individuos toman una dirección en su desarrollo y alcanzan su madurez sexual y emocional, apoyándose en los recursos psicológicos, emocionales y sociales que obtuvieron en su etapa anterior; por ello es de suma importancia que los padres se informen en cada etapa por la que pasan sus hijos(as) y si se les dificulta la comprensión y comunicación con su adolescente, es vital buscar asesoría y guía para ustedes como padres y para el adolescente quien es el actor principal de esta etapa del desarrollo.

¡Respiren! “TODO VOLVERÁ A LA NORMALIDAD”. Asesorarse es la clave y sobre todo amar a sus hijos siempre.

 

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